domingo, 23 de junio de 2013

Sueños Zombies #1

Estaba en una zapatería, había varias personas, una mujer de mediana edad, un hombre algo gordo, un joven, una chica, un hombre con un traje que usaba lentes, y una señora. Todos estaban en pequeños grupos, mirando fijamente a  dos soldados uno de ellos de piel blanca de una estatura alta tal vez 1.70 y su compañero era de piel negra una estatura similar y sin cabello, ambos vestían con uniformes de camuflaje verde, tenían unos rifles de asalto, estaban ahí hablando con el hombre de traje y lentes.
-señor debemos de irnos.
Era lo que se escuchaba decir, por el momento yo me encontraba sacando las cajetillas de cigarros del mostrador de zapatos…había muchos y aún más los que se encontraban acomodados en el suelo en un pila de cigarros, entre ellos había un puñado de encendedores.
El soldado de piel negra de pronto se acercó a mi lado y comenzó a agarrar muchas cajetillas de cigarros entre sus brazos, a diferencia de mí que las tomaba en paquetes bien acomodados de 6 y las ordenaba en la pila en el suelo, él solo las tomó con mucha prisa y las empezó a amontonar en el lugar donde las había acomodado y que ahora comenzaba a desmoronarse.
El otro soldado al ver a su compañero en ese estado le dijo:
-es suficiente eso no es necesario
-no permitiré que mis hombres mueran por no tener cigarros –contestó el soldado negro mientras estaba llorando sobre la pila de cigarrillos-.
Lo único que me pude imaginar es que tal vez su equipo había muerto por algo relacionado con los cigarros, tal vez estaban en una situación un poco desesperante y uno de ellos vio una cajetilla tirada por algún lugar y al tomarla significaba prácticamente morir, un ataque, una trampa, no lo sé, pero era lo que pensaba en ese instante.
-señor presidente debemos de irnos –dijo el soldado blanco mientras levantaba a su compañero del suelo y miraba al hombre de traje con lentes-.
Al momento en que dijo eso un ruido fuerte como de una lluvia intensa me llamó mi atención, voltee hacia la calle y varios autos mal acomodados o mejor dicho abandonados en medio de calle se presentaron en mi campo visual, decenas si no es que cientos de personas corrían y gritaban hacia el lado izquierdo de donde miraba. En ese momento el soldado de piel blanca tomó al hombre de traje de un brazo y lo sacó de la tienda, mientras que el hombre de negro iba enfrente de ellos como cuidado el área, sostenía su arma la cual se encontraba apuntando hacia abajo pero con sus manos fuertemente apretándola y sus dedo sobre el gatillo, preparado para apuntar y disparar en el momento que fuera necesario.
Cuando apenas dimos unos pasos fuera de la tienda vi que había varias personas corriendo un poco más lento que la mayoría de la multitud, estás personas estaban sucias dela cara y brazos, sus ropas estaban manchadas, y sus brazos alzados como si intentaran sostenerse o agarrase de algo. No tarde mucho para comprender algo sencillo, fueron solo cuestión de segundos, cuando en mi mente apareció la palabra…¡ZOMBIES!.
Di unos pasos de espaldas hacia atrás y cuando voltee a ver a los demás en la tienda intentamos regresar y buscar o escondernos dentro del lugar, al parecer no era el único que entendía la situación de ese momento ya que todos hicimos lo mismo, incluyendo a los soldados, pero solo fue una acción interrumpida al instante ya que tan pronto como volteamos vimos como varios zombies ya se encontraban en la parte de atrás mordiendo a  dos o tres personas, esa escena no impulsó a salir casi como si de un reflejo se tratase. Aunque nuestro instinto indicaba que saliéramos muchos de esos seres aparecieron frente a la tienda al escuchar el grito de una mujer por la escena del hombre siendo mordido. Lentamente una multitud de ellos comenzaron a caminar hacia dentro.
Parecía que estábamos perdidos, sería el final, terminaríamos muertos. Un hombre de cabello alborotado, con una barba que indicaba que así se encontraba desde hace días, un poco desalineado, y una vestimenta que consistía en una camisa de manga larga hecha de una tela gruesa de  cuadros rojizos y un pantalón de mezclilla, con lo que parecía ser un calzado negro, apareció corriendo sobre uno de los autos, con una especie de cuchara para servir sopa o agua fresca empezó a golpear el vidrió frontal de un auto, en su otra mano no podía distinguir que es lo que era, un sartén, otra cuchara, no lo sabía, pero empezó a chocarlas una con otras, gritando fuertemente.
-¡aquí estoy, hey  mírenme¡
Todos los zombies que estaban a metros de nosotros voltearon a hacia el hombre que estaba sobre el auto y como una manada se dirigieron hacia él, el hombre bajo rápidamente del auto y salió corriendo hacia la izquierda atrayendo a toda esa multitud de seres. Cuando vimos que el plan de esa persona había resultado empezamos a gritar de emoción, celebrando esa acción, que no duraría mucho ya que al escuchar esos gritos unos cuantos de seres que estaban detrás de la horda voltearon y se dirigieron hacia nosotros.
-Maldición –pensé en ese momento-
En el instante en que eso pasó los soldados salieron de la tienda instintivamente las demás personas que se encontraban dentro salieron rápidamente, no sabíamos que estaba pasando, pero me encontraba entre una multitud había personas corriendo hacia la izquierda, otras pocas hacia la derecha, todo era muy confuso, entre lo que distinguía eran personas  gritando y corriendo y entre ellas como si de personas se trataran uno que otro zombie agarrando y mordiendo a una de ellas,   para no separarme de mi grupo me fui muy pegado a ellos, no quería terminar como esas desafortunadas personas, al menos iba  con esos soldados que aunque no nos ayudarían puesto que solo iban por la persona de traje sí un zombie se acercara mucho a mi o alguno del grupo se verían forzado de dispararle al ser para no poner en peligro su objetivo.
-ahí está-dijo una mujer madura mientras señalaba con su mano hacia un auto blanco-
En su mano estaban una llaves, en ese momento pensé es estupendo. Tiene un auto eso nos ayudará mucho. Tan pronto como llegamos al auto y abrió las puertas entraron varias personas en la parte trasera, y la cerraron al instante, mientras que en asiento de en frete me metí rápidamente e intenté lo más que pude ocupar el menor espacio posible, para que una persona de nuestro grupo entrara, era un hombre gordo así que era el aguantarme o quedarme fuera y esperar mi muerte. En cuanto entró el hombre las puertas se cerraron y la mujer avanzó.
No sabía quiénes habían entrado en la parte de atrás, tampoco sabía si esos soldados se encontraban con nosotros, solo sabía que la mujer madura, el hombre gordo  y yo estábamos enfrente. Avanzaba el auto por una calle larga y recta, estaba vacía y en la banqueta un hombre que parecía era un oficinista, tenía una camisa de manga larga blanca, un pantalón de vestir y unos zapatos negros, nos hacía señales con las manos, alzaba los brazos y los agitaba para que lo viéramos, cuando llegamos con él, nos pidió que detuviera el auto, la mujer madura que conducía le dijo:
-aquí no, más enfrente.
Así que siguió avanzando como 20 o 30 metros y le volvió a decir lo mismo al hombre que estaba afuera, repitió lo mismo un par de veces, hasta llegué a pensar que no lo subiría y que solo se estaba divirtiendo, le dije a la mujer:
-¡Ya déjalo subir!
¿Cómo pude atreverme a decirle eso?, que tal y me terminaba obligando a bajarme, iba a disculparme pero una respuesta de ella me detuvo.
-Está bien –fueron las palabras que mencionó mientras presionaba un botón-
La puerta de enfrenté se abrió y al no poder moverme más el hombre gordo subió parte de su cuerpo sobre mis piernas, era muy pesado, pero era el momento para quejarme, se hizo el suficiente espacio para que el hombre de afuera entrara y se sentara, incluso parecía que él estaba más cómodo que yo. Cuando cerró la puerta le puse mi mano en su pecho como señal de que alegría a que lo había logrado y como respuesta una sonrisa obviamente falsa e hipócrita quitó mi mano. No sé si esa actitud era causada por mí o por la conductora, pero no le pregunté.
Seguimos avanzando, hasta que pasamos por lo que parecía la universidad en la cual estudiaba hasta hace poco, la miré con algunos “estudiantes” y eso lo dudaba un poco, aunque la estructura era las de la universidad a la que asistía esos “estudiantes” eran solo niños, de edades de preparatoria,  podía notarse cierta distinción de clases, habían unos que vestían un pantalón azul marino y un chaleco negro abierto por la parte de enfrente, daban la idea de que querían parecer rudos, estaban sentados  dos o tres de ellos frente a un bote de metal con fuego, como esos que veías en películas donde los vagabundos quemaban cosas para mantenerse calientes. También había varias niñas o adolecentes vestían uniformes de un color azul chillante, que brillaba cuando la luz lo tocaba, estaban algo sucias pero aun así lo usaban, tal vez era lo único de ropa que tenían, estos   dos grupos de personas se encontraban en un tercer piso, en el segundo piso estaban un grupo de gimnastas, usaban un uniforme de licra, de un color similar al de las porristas, incluso en ese momento no sé si por costumbre o por no tener otra cosa que hacer esa chica practicaba unas posturas sorprendentes de estiramiento.  Y por último en la primera planta estaban lo que parecía ser los estudiantes inteligentes, usaban un uniforme de pantalón oscuro y camisa de manga corta blanca, manchada la camisa de negro probablemente por lo que se estaba quemando en un bote cerca de ellos, por alguna razón sentía una lúgubre aura en ellos, incluso intimidaban casi tanto como los chicos de la tercera planta con su actitud desafiante.
-mira vaguito ¿ves esa escuela?, ese es el peor lugar para esconderse. –le dije a mi hermano.
Vaguito era la forma de cariño en que yo le decía  y aunque no sabía en qué parte del auto estaba le hablaba como si estuviera a un lado de mí.
-No hay peor lugar para protegerse de zombies que ese, aunque pareciera una fortaleza o prisión, no está diseñada para aguantar una invasión o un ataque, sus puertas pueden sucumbir sin mucho esfuerzo, y si un grupo de estudiantes se encerrara dentro y un zombie entrara es probable que todos ellos murieran, los salones con los mesabancos serían obstáculos para los zombies, sí, pero también lo serían para los mismos alumnos, a eso súmale el pánico,  muchos de ellos se tropezarían o empujarían a sus compañeros con tal de sobrevivir, dejando a estos en bandeja de plata para uno de estos seres. –Dije de una forma muy segura mientras imaginaba la situación-.
-Incluso si sobrevivieran a eso, es probable que no fuera el único zombie por el área y si se lo encuentran por las escaleras es imposible salvarse de estos, podrías saltar al lado del barandal y con un poco de suerte no torcerte el tobillo y seguir avanzando, pero siendo más realistas lo que podría pasar es que te lastimes alguna parte en la caída y solo puedas gritar, lamentarte y arrastrarte, todo esto llamando más y más zombies hacia ti.-dije con una expresión más fría-.
-Ahora, digamos que te topas con ese zombie en las escaleras y no puedes bajar, ¿qué haces? Vas hacia arriba, si por alguna razón puedes subir lo más alto que puedes de la institución ¿hacia donde te diriges? Ya no queda nada, estarías simplemente esperando tu muerte. El punto a donde quiero llegar es que no hay salida en las escuelas, no hay una puerta trasera, una salida de emergencia que no esté cerrada –dije mientras soltaba una pequeña risa- simplemente su estructura no está hecha para eso – dije mientras miraba las instalaciones hasta el tercer piso-.
Al terminar de hablar la conductora y los otros dos que estaban enfrente me miraban en silencio con unos ojos de sorpresa, preguntándose cómo sabía tanto, era como mi tuviera experiencia en esto. Al voltear a ver a la mujer conductora esta bajó su  mirada y como si estuviera decepcionada y comenzó a prepararse para avanzar, giré mi cabeza hacia la escuela y comprendí, ella probablemente pensaba que ese era un lugar seguro para que nos quedáramos, pero al decirle todo eso ya no pensaba igual, pero bueno al menos le dije la verdad.  Mientras el auto comenzaba a avanzar uno de los chicos “rudos” me miró y apuntando con su dedo sucio dijo:
- miren a ese chico, ¿son tus hijos? –dijo haciendo referencia al hombre que estaba sentado sobre mis piernas y al otro que estaba sentado a un lado de mí,  mientras soltaba una risa burlona-
Simplemente me le quedé mirando, mientras salía de mi campo de visión, pensando en cómo ese chico moriría, después de todo lo que dije que podría pasar en una escuela si se encontraba con zombies.
El auto siguió avanzando hasta que nos topamos con una entrada grande, parecía un garaje o algo por el estilo, estaba oscuro, pero era el único camino que teníamos para llegar al otro lado de la calle y seguir hacia nuestro destino. Solo había un problema estaba oscuro y no podíamos ver nada, no queríamos prender las luces  para no llamar la atención, así que estuvimos dentro del auto un largo rato, tal vez pasaron 10 o 20 minutos esperando de manera muy atenta a cualquier movimiento o sonido que pudiéramos escuchar, después de ese tiempo y sin no tener ninguna señal de esos seres decidimos bajar del auto y explorar un poco.
No había nada especial, parecía que no era un lugar en el que se pudiera encontrar cosas útiles, y no había señales de un camino para cruzar al otro extremo. Mientras exploraba el lugar encontré unas tuberías grandes que fácilmente podían sostener a una persona, eran tubos grandes y gruesos, pero resbalosos, así que la única forma de pasar era descalzos para evitar caernos en ese fondo oscuro que parecía no tener fin, la razón para correr ese riesgo era que al final de las tuberías había una puerta y la luz entraba por ella, era el camino que necesitábamos.
El único problema era que el auto no podría pasar por ahí, incluso si descubriéramos la forma de subir el auto en las tuberías que no dudo que lo aguantaría, no podría hacer ese giro en 90 grados tan marcado, así que debíamos dejar el auto atrás, por primera vez pude ver a las otras personas que se encontraban en el asiento trasero, era una chica joven de unos 25 años, rubia de cabello lacio, con una blusa de rayas azules en forma horizontal, un pantalón de mezclilla y tenis blancos, estaba también un hombre de 30 año alto, con barba como si no se hubiera afeitado por un par de días, vestía con una playera blanca y sobre ella una chaqueta negra de cuero,  tenía un pantalón de mezclilla y tenis negros. Eran ellos los de la parte de atrás… ¡¿Qué solo eran dos personas en el asiento de atrás?!, ¡Y nosotros 3 en la parte de enfrente!, ¿por qué no dijeron nada? Estaba enojado pero ya no importaba no es como si de algo pudiera servir, así que mejor decidí tranquilizarme y continuar con lo que íbamos hacer.
Todos en fila con nuestro calzado en nuestras manos comenzamos a pasar, al frente me encontraba yo, iba con mucho cuidado aunque caminar por las tuberías no era complicado no quería confiarme y caer, estaba a punto de pasar por un muro que cubría mi visión a la puerta abierta donde entraba la luz del exterior cuando escuché una radio, eran voces por medio de una radio, les indiqué a los demás que se detuvieran, me asomé lo más mínimo para poder ver sin  ser visto, y fue cuando  noté que una persona estaba entrando, era una mujer, tal vez  tenía  26 o 27 años, con esa luz detrás de ella no podía notar mucho, pero cuando se colocó en cierta posición pude notar que sacaba algo de su bolsillo,  y vi su rostro, era asiática, sus ojos rasgados, su figura delgada, su cabello negro y corto, era como si el más grande estereotipo apareciera frente a mí para no poder equivocarme, con su mano levantó en el encendedor que había sacado de su bolsa y rápidamente sacó su arma, una 9 milímetros semiautomática, no conocía de armas pero esa era una de las populares de se podían encontrar en la televisión, películas, incluso en la vida real.
-¡Quieto, no te muevas! - dijo la atractiva mujer mientras me apuntaba-
 Levantando mis manos con mis tenis en ellos le dije:
 -n…no dispares, no estamos armados, solo queremos pasar- dije mientras pensaba lo tonto que había sido, le había hecho saber que estaba indefenso y no solo eso sino que había más personas conmigo-.
Al parecer los demás no caían en cuenta del error tan grande que había cometido pero igual sentía que no podía perdonármelo.
-Sal lentamente –dijo la joven mientras su arma me apuntaba-.
-vaya vaya ¿dónde te habías metido preciosura? –dijo el hombre de chaqueta negra que estaba en la parte trasera del auto, con una actitud de confianza-
¿Este tipo quieren que lo maten? Es lo que pensé en ese momento mientras lo miraba salir del muro que los cubría, por la luz del encendedor el rostro de aquél hombre quedó iluminado.
-Bastardo infeliz, ¿dónde te habías metido? –Dijo  la joven que bajaba el arma mientras indicaba que siguiera avanzando-.
Comencé a avanzar hasta llegar al final de la tubería y pude pisar el suelo de concreto en cual estaba feliz de poder sentir ya con mi tenis puestos. Mientras el hombre de la chaqueta negra platicaba con la mujer asiática noté que ésta usaba un chaleco militar con varias bolsas en el mismo, que le permitía tener ya sea muchos utensilios o cartuchos para su arma sin tener que cargarlas en su pantalón. Cuando todos cruzaron la mujer asiática y el hombre de chaqueta negra se despidieron de nosotros deseándonos suerte, y empezaron a cruzar la tubería de nuevo para regresar por donde minutos antes habíamos venido.
Después de todo no eran malas personas, el hombre no le pidió las llaves a la mujer, aunque bien podría hacerlo incluso si se negará su acompañante tenía un arma y no dudo que al final se las terminara dando. Mientras avanzábamos hacia la puerta notamos que en la izquierda había una habitación, era totalmente diferente al lugar en el que estábamos, dentro de esta habitación había una luz clara y un piso de madera brillante, con una escalera pegada a la pared del mismo material del sueño, al parecer el segundo piso también era de madera aunque solo podía ver un pequeño fragmento de éste era probable que así fuese, ya tomando en cuenta todo esto esa habitación parecía ser de una casa rica, de clase alta, y la luz clara tal vez era producto de un candelabro, en el suelo de debajo de la habitación había una pequeña figura blanca, y un hombre que bajaba rápidamente de las escaleras y se arrodillaba frente a ésta figura, sosteniéndola entre sus brazos, fue ahí cuando lo noté, no era una simple figura era una niña, tal vez de 5 años, sus brazos y piernas eran blancas como el vestido que traía, y una mancha roja en su mano contrastaba con el color que ella desprendía, tenía unos pedazos de cristal muy grandes encajados en sus manos, al parecer es como si algo hubiese explotado y ella al poner sus manos enfrente hubiese recibido los cristales.
Pero había algo extraño, esa niña, esa niña yo la conocía, pero no lograba recordarlo, por más que lo intentaba no lograba traerlo a mi mente, el hombre que vestía como oficinista se acercó más a la habitación y preguntando si todo estaba bien llegó a mi mente…la cero…la cero…
-¡e…ELLA ES LA CERO! –grité mientras intentaba agarrar al oficinista antes de que extendiera su brazo hacia la niña-.
Pero era muy tarde la pequeña niña ya se había lanzado sobre el brazo del oficinista, mordiéndolo hasta el punto en que comenzó a sangrar, cuando la niña separó su boca del brazo noté que un trozo de carne había sido arrancado. Los demás estaban viendo inmóviles lo que ocurría.
-¡Corran! –grité-
Todos dieron un pequeño salto al escuchar mi grito, tal vez interrumpí sus pensamientos profundos. Corrimos hacia la puerta de donde provenía esa luz y donde estaba nuestro destino. Cuando estaba por cruzar giré mi cabeza hacia el oficinista que yacía en el suelo y la niña de pie mirándome con sus ojos de color negro intenso,  cuando atravesé la puerta perdí el equilibrio, sentí como si no tuviera control de mi cuerpo, poco a poco me acercaba más al suelo y todo se volvió oscuro, una oscuridad profunda.
Un pequeño sonido, había un pequeño sonido, era como un susurro, ¿un llanto?, ¡un grito! Abrí los ojos y miré el cielo anaranjado mezclado con una nube negra, tardé unos segundos en recuperarme, estaba tirado en el suelo, era de tierra, detrás de mí una puerta, dentro no se podía ver nada, estaba como uno o 2 metros de alto, había caído, y me había desmayado. Empecé recordar lo que había pasado, el auto, las tuberías, la chica asiática, la niña…¡La niña!, me levanté rápidamente, mirando hacia la puerta di unos pasos hacia atrás, ¿dónde estaban todos?, estaba solo, no había señal de nadie del grupo, ni de cualquier otra persona, estaba en un lugar donde las calles eran de tierra, no había concreto solo algunas casas de ese material y podía contarlas con los dedos de la mano.
Decidí comenzar a avanzar por alguna razón sabía a donde ir, no tenía idea de cómo o por qué pero lo sabía, el cielo del atardecer se mezclaba con el humo de algunas casas que se podían ver a lo lejos, había varios lugares así, a lo lejos se podía escuchar algunos gritos que poco a poco se iban callando. Tenía la sensación de estar en una zona fantasma, como esos sitios donde vivían personas pero que después abandonan repentinamente.
Llegué hasta una calle que se dividía en tres caminos como una “Y” y como venía de una de las extremidad del camino decidí seguir recto, ahí podría encontrar un refugio… ¿un refugio?, me detuve repentinamente, ¿cómo que un refugio?,  ¿Por qué sabía eso?, estaba muy confundido, no sabía que estaba pasando, era como si ya conociera esa situación, ese lugar.
Avancé hasta un lugar donde había varios autos en fila de un color similar todos ellos, eran taxis, al parecer había llegado hasta la zona de donde salían, me acerqué a uno de ellos con esperanzas de poder encontrar algo que me sirviera, un encendedor, una lámpara y con suerte un arma, pero ninguno de eso objetos pude encontrar, me recargué un rato en uno de los taxis viendo hacia las casas, ahí seguro podía encontrar algo útil pero era muy arriesgado, podría haber zombies y con poco espacio para maniobrar seguro que era hombre muerto. Empecé a sentirme extraño mientras miraba hacia una de las casas, como si el miedo me invadiera.
- ¿Por qué una casa me haría eso? –me pregunté-
Fue entonces que noté que en la calle a un lado de la casa estaba la niña, era la niña, mi visión la captó y mi cerebro lo sabía aunque yo no me percatara de eso. La niña comenzó a correr hacia mí, yo sin pensarlo dos veces salí corriendo lo más rápido que pude, seguí el único camino recto que había, la niña cada vez estaba más cerca, a diferencia de ella yo si me cansaba era humano y tenía mis límites, pero ese ser que me perseguía no era humana, sus límites estaban en otra categoría. Tenía tanto miedo solo una vez mientras corría voltee a verla, su rostro blanco, boca con labios negros, con ojos de un color negro profundo y su contorno ennegrecido, sus manos aun con los fragmentos de cristal en ellos hacía que mi temor solo aumentara, desde ese momento ya no quise volver a voltear.
Solo un poco más, solo un poco más, me repetía eso es mi mente, estaba muy cerca, ya no me importaba lo que pensaba, ya no me cuestionaba cómo o por qué sabía lo que sabía, si eso me salvaba ya no me importaba. A lo lejos vi una tienda, justo al lado derecho, detrás había una pequeña casa de madera, simple, de un cuarto, era mía, yo la había construido para escapar si estaba en problemas, tenía una cama dentro, cocina, un pequeño refrigerador, aunque no sabía cómo eso podía caber ahí, estaba a tres metros de llegar cuando a mi izquierda veo a la niña, ya me había alcanzado, mi velocidad se había disminuido desde hace unos metros, ya me había cansado, la niña dirigió sus brazos a mi rostro pero antes de llegar a él las tomé con mis manos, era muy fuerte y no solo tenía que ver con el cansancio que tenía, sin duda yo conocía su fuerza, intenté juntar sus manos tal vez si las choca los cristales le causaría dolor y me daría el tiempo suficiente para entrar a la casa, usé la fuerza de mis brazos pero no fue suficiente, sentí como mi corazón palpitaba más y más rápido, comencé a lograr juntar las manos de la niña hasta que se chocaron, los cristales se rompieron pero no hubo reacción alguna en ella, era claro que no sentía dolor.
Mientras la seguía sosteniendo vi que a un lado de mi casa había un pequeño borde de un metro, si nos lanzábamos hacia él y me levantaba rápido podría deshacerme de ella unos segundos y entrar a la casa. Intenté empujarla pero era inútil no tenía las fuerzas de hace un momento, así que hice lo único que tenía a mi favor, su fuerza, giré hacia el borde hasta que quedé de espaldas, entonces dejé que me empujara. Caímos y por suerte el suelo era arenoso, y la caída no me causó un gran daño pero sí me retrasó un poco en poder levantarme, afortunadamente no era el único que tenía problemas ya que también ella se retrasó.
Subí el bordé lo más rápido que pude, abrí la puerta, ingresé y al momento de cerrarla la niña metió la mano, intentaba entrar, y lo estaba consiguiendo, me arriesgué aposté todas mis fuerzas en una sola patada, si no lograba alejarla moriría ahí mismo, dejé que abriera la puerta y con todas mis fuerzas alcé mi pie y lo dirigí a la cara de la niña, ésta se tambaleó un poco hacía atrás lo suficiente como para poder cerrar la puerta.
-Lo logré –me dije mientras me tiraba de espaldas en el suelo-.
Mi respiración se calmaba, mi pulso volvía a la normalidad y aunque aún podía escuchar los golpes a la puerta sabía que era imposible que entrara. Miré por encima de mi cabeza y vi que en la parte inferior de la pared había una pequeña placa de madera delgada, maldición, ¡esto no era un refugio!, era un puente, era solo para pasar y escapar por detrás, había perdido tiempo, la niña dejó de golpear la puerta, me levanté rápidamente, intenté salir por esa placa de madera pero ella ya estaba ahí, busqué donde esconderme encontré un lugar oscuro debajo de una mesa, me metía ahí con esperanzas de que no me encontrara, mi respiración y mi corazón se aceleraron.
Solo podía ver como esa terrorífica niña con sangre en sus manos caminaba dentro de mi casa, olfateando y mirando con sus brazos extendidos a los costados como si estuviera preparada para atacar, se estaba acercando más y más, sentí una presión en el pecho…otra vez volví a sentir esa sensación, estaban siendo regulares, sentí que me ahogaba, la niña se agachó y me vio se abalanzó sobre mí mientras yo sentía que me ahogaba.
Respiré una bocanada grande, y al instante tosí varias veces, sobre mí la joven rubia con blusa de líneas azules tenía sus manos sobre mi pecho.
-Ya está respirando –dijo la joven rubia-
Respiraba rápidamente mientras trataba de recuperarme.
-¿qué pasó? –pregunté mientras miraba a los tres integrantes del grupo-.
-Al momento de pasar por la puerta te caíste y te desmayaste, así que te trajimos hasta esta casa que encontramos. –dijo el hombre gordo-.
Me senté y noté que la casa en la que estábamos era la misma en dónde me encontraba hace un momento.



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