Estaba en una zapatería, había varias personas, una mujer de
mediana edad, un hombre algo gordo, un joven, una chica, un hombre con un traje
que usaba lentes, y una señora. Todos estaban en pequeños grupos, mirando
fijamente a dos soldados uno de ellos de
piel blanca de una estatura alta tal vez 1.70 y su compañero era de piel negra
una estatura similar y sin cabello, ambos vestían con uniformes de camuflaje
verde, tenían unos rifles de asalto, estaban ahí hablando con el hombre de
traje y lentes.
Era lo que se escuchaba decir, por el momento yo me
encontraba sacando las cajetillas de cigarros del mostrador de zapatos…había
muchos y aún más los que se encontraban acomodados en el suelo en un pila de
cigarros, entre ellos había un puñado de encendedores.
El soldado de piel negra de pronto se acercó a mi lado y
comenzó a agarrar muchas cajetillas de cigarros entre sus brazos, a diferencia
de mí que las tomaba en paquetes bien acomodados de 6 y las ordenaba en la pila
en el suelo, él solo las tomó con mucha prisa y las empezó a amontonar en el
lugar donde las había acomodado y que ahora comenzaba a desmoronarse.
El otro soldado al ver a su compañero en ese estado le dijo:
-es suficiente eso no es necesario
-no permitiré que mis hombres mueran por no tener cigarros
–contestó el soldado negro mientras estaba llorando sobre la pila de
cigarrillos-.
Lo único que me pude imaginar es que tal vez su equipo había
muerto por algo relacionado con los cigarros, tal vez estaban en una situación
un poco desesperante y uno de ellos vio una cajetilla tirada por algún lugar y
al tomarla significaba prácticamente morir, un ataque, una trampa, no lo sé,
pero era lo que pensaba en ese instante.
-señor presidente debemos de irnos –dijo el soldado blanco
mientras levantaba a su compañero del suelo y miraba al hombre de traje con
lentes-.
Al momento en que dijo eso un ruido fuerte como de una
lluvia intensa me llamó mi atención, voltee hacia la calle y varios autos mal
acomodados o mejor dicho abandonados en medio de calle se presentaron en mi
campo visual, decenas si no es que cientos de personas corrían y gritaban hacia
el lado izquierdo de donde miraba. En ese momento el soldado de piel blanca
tomó al hombre de traje de un brazo y lo sacó de la tienda, mientras que el
hombre de negro iba enfrente de ellos como cuidado el área, sostenía su arma la
cual se encontraba apuntando hacia abajo pero con sus manos fuertemente
apretándola y sus dedo sobre el gatillo, preparado para apuntar y disparar en
el momento que fuera necesario.
Cuando apenas dimos unos pasos fuera de la tienda vi que
había varias personas corriendo un poco más lento que la mayoría de la
multitud, estás personas estaban sucias dela cara y brazos, sus ropas estaban
manchadas, y sus brazos alzados como si intentaran sostenerse o agarrase de
algo. No tarde mucho para comprender algo sencillo, fueron solo cuestión de
segundos, cuando en mi mente apareció la palabra…¡ZOMBIES!.
Di unos pasos de espaldas hacia atrás y cuando voltee a ver
a los demás en la tienda intentamos regresar y buscar o escondernos dentro del
lugar, al parecer no era el único que entendía la situación de ese momento ya
que todos hicimos lo mismo, incluyendo a los soldados, pero solo fue una acción
interrumpida al instante ya que tan pronto como volteamos vimos como varios
zombies ya se encontraban en la parte de atrás mordiendo a dos o tres personas, esa escena no impulsó a
salir casi como si de un reflejo se tratase. Aunque nuestro instinto indicaba
que saliéramos muchos de esos seres aparecieron frente a la tienda al escuchar
el grito de una mujer por la escena del hombre siendo mordido. Lentamente una
multitud de ellos comenzaron a caminar hacia dentro.
Parecía que estábamos perdidos, sería el final, terminaríamos
muertos. Un hombre de cabello alborotado, con una barba que indicaba que así se
encontraba desde hace días, un poco desalineado, y una vestimenta que consistía
en una camisa de manga larga hecha de una tela gruesa de cuadros rojizos y un pantalón de mezclilla,
con lo que parecía ser un calzado negro, apareció corriendo sobre uno de los
autos, con una especie de cuchara para servir sopa o agua fresca empezó a
golpear el vidrió frontal de un auto, en su otra mano no podía distinguir que
es lo que era, un sartén, otra cuchara, no lo sabía, pero empezó a chocarlas
una con otras, gritando fuertemente.
-¡aquí estoy, hey
mírenme¡
Todos los zombies que estaban a metros de nosotros voltearon
a hacia el hombre que estaba sobre el auto y como una manada se dirigieron
hacia él, el hombre bajo rápidamente del auto y salió corriendo hacia la
izquierda atrayendo a toda esa multitud de seres. Cuando vimos que el plan de
esa persona había resultado empezamos a gritar de emoción, celebrando esa
acción, que no duraría mucho ya que al escuchar esos gritos unos cuantos de
seres que estaban detrás de la horda voltearon y se dirigieron hacia nosotros.
-Maldición –pensé en ese momento-
En el instante en que eso pasó los soldados salieron de la
tienda instintivamente las demás personas que se encontraban dentro salieron
rápidamente, no sabíamos que estaba pasando, pero me encontraba entre una
multitud había personas corriendo hacia la izquierda, otras pocas hacia la
derecha, todo era muy confuso, entre lo que distinguía eran personas gritando y corriendo y entre ellas como si de
personas se trataran uno que otro zombie agarrando y mordiendo a una de
ellas, para no separarme de mi grupo me fui muy
pegado a ellos, no quería terminar como esas desafortunadas personas, al menos
iba con esos soldados que aunque no nos
ayudarían puesto que solo iban por la persona de traje sí un zombie se acercara
mucho a mi o alguno del grupo se verían forzado de dispararle al ser para no
poner en peligro su objetivo.
-ahí está-dijo una mujer madura mientras señalaba con su
mano hacia un auto blanco-
En su mano estaban una llaves, en ese momento pensé es
estupendo. Tiene un auto eso nos ayudará mucho. Tan pronto como llegamos al
auto y abrió las puertas entraron varias personas en la parte trasera, y la
cerraron al instante, mientras que en asiento de en frete me metí rápidamente e
intenté lo más que pude ocupar el menor espacio posible, para que una persona
de nuestro grupo entrara, era un hombre gordo así que era el aguantarme o
quedarme fuera y esperar mi muerte. En cuanto entró el hombre las puertas se
cerraron y la mujer avanzó.
No sabía quiénes habían entrado en la parte de atrás,
tampoco sabía si esos soldados se encontraban con nosotros, solo sabía que la
mujer madura, el hombre gordo y yo
estábamos enfrente. Avanzaba el auto por una calle larga y recta, estaba vacía
y en la banqueta un hombre que parecía era un oficinista, tenía una camisa de
manga larga blanca, un pantalón de vestir y unos zapatos negros, nos hacía
señales con las manos, alzaba los brazos y los agitaba para que lo viéramos,
cuando llegamos con él, nos pidió que detuviera el auto, la mujer madura que
conducía le dijo:
-aquí no, más enfrente.
Así que siguió avanzando como 20 o 30 metros y le volvió a
decir lo mismo al hombre que estaba afuera, repitió lo mismo un par de veces,
hasta llegué a pensar que no lo subiría y que solo se estaba divirtiendo, le
dije a la mujer:
-¡Ya déjalo subir!
¿Cómo pude atreverme a decirle eso?, que tal y me terminaba
obligando a bajarme, iba a disculparme pero una respuesta de ella me detuvo.
-Está bien –fueron las palabras que mencionó mientras
presionaba un botón-
La puerta de enfrenté se abrió y al no poder moverme más el
hombre gordo subió parte de su cuerpo sobre mis piernas, era muy pesado, pero
era el momento para quejarme, se hizo el suficiente espacio para que el hombre
de afuera entrara y se sentara, incluso parecía que él estaba más cómodo que
yo. Cuando cerró la puerta le puse mi mano en su pecho como señal de que
alegría a que lo había logrado y como respuesta una sonrisa obviamente falsa e
hipócrita quitó mi mano. No sé si esa actitud era causada por mí o por la
conductora, pero no le pregunté.
Seguimos avanzando, hasta que pasamos por lo que parecía la
universidad en la cual estudiaba hasta hace poco, la miré con algunos
“estudiantes” y eso lo dudaba un poco, aunque la estructura era las de la
universidad a la que asistía esos “estudiantes” eran solo niños, de edades de
preparatoria, podía notarse cierta
distinción de clases, habían unos que vestían un pantalón azul marino y un
chaleco negro abierto por la parte de enfrente, daban la idea de que querían
parecer rudos, estaban sentados dos o tres
de ellos frente a un bote de metal con fuego, como esos que veías en películas
donde los vagabundos quemaban cosas para mantenerse calientes. También había
varias niñas o adolecentes vestían uniformes de un color azul chillante, que
brillaba cuando la luz lo tocaba, estaban algo sucias pero aun así lo usaban,
tal vez era lo único de ropa que tenían, estos
dos grupos de personas se encontraban en un tercer piso, en el segundo
piso estaban un grupo de gimnastas, usaban un uniforme de licra, de un color
similar al de las porristas, incluso en ese momento no sé si por costumbre o
por no tener otra cosa que hacer esa chica practicaba unas posturas
sorprendentes de estiramiento. Y por
último en la primera planta estaban lo que parecía ser los estudiantes
inteligentes, usaban un uniforme de pantalón oscuro y camisa de manga corta
blanca, manchada la camisa de negro probablemente por lo que se estaba quemando
en un bote cerca de ellos, por alguna razón sentía una lúgubre aura en ellos,
incluso intimidaban casi tanto como los chicos de la tercera planta con su
actitud desafiante.
-mira vaguito ¿ves esa escuela?, ese es el peor lugar para
esconderse. –le dije a mi hermano.
Vaguito era la forma de cariño en que yo le decía y aunque no sabía en qué parte del auto
estaba le hablaba como si estuviera a un lado de mí.
-No hay peor lugar para protegerse de zombies que ese,
aunque pareciera una fortaleza o prisión, no está diseñada para aguantar una
invasión o un ataque, sus puertas pueden sucumbir sin mucho esfuerzo, y si un
grupo de estudiantes se encerrara dentro y un zombie entrara es probable que
todos ellos murieran, los salones con los mesabancos serían obstáculos para los
zombies, sí, pero también lo serían para los mismos alumnos, a eso súmale el
pánico, muchos de ellos se tropezarían o
empujarían a sus compañeros con tal de sobrevivir, dejando a estos en bandeja
de plata para uno de estos seres. –Dije de una forma muy segura mientras
imaginaba la situación-.
-Incluso si sobrevivieran a eso, es probable que no fuera el
único zombie por el área y si se lo encuentran por las escaleras es imposible
salvarse de estos, podrías saltar al lado del barandal y con un poco de suerte
no torcerte el tobillo y seguir avanzando, pero siendo más realistas lo que
podría pasar es que te lastimes alguna parte en la caída y solo puedas gritar,
lamentarte y arrastrarte, todo esto llamando más y más zombies hacia ti.-dije
con una expresión más fría-.
-Ahora, digamos que te topas con ese zombie en las escaleras
y no puedes bajar, ¿qué haces? Vas hacia arriba, si por alguna razón puedes subir
lo más alto que puedes de la institución ¿hacia donde te diriges? Ya no queda
nada, estarías simplemente esperando tu muerte. El punto a donde quiero llegar
es que no hay salida en las escuelas, no hay una puerta trasera, una salida de
emergencia que no esté cerrada –dije mientras soltaba una pequeña risa-
simplemente su estructura no está hecha para eso – dije mientras miraba las
instalaciones hasta el tercer piso-.
Al terminar de hablar la conductora y los otros dos que
estaban enfrente me miraban en silencio con unos ojos de sorpresa,
preguntándose cómo sabía tanto, era como mi tuviera experiencia en esto. Al voltear
a ver a la mujer conductora esta bajó su
mirada y como si estuviera decepcionada y comenzó a prepararse para
avanzar, giré mi cabeza hacia la escuela y comprendí, ella probablemente
pensaba que ese era un lugar seguro para que nos quedáramos, pero al decirle
todo eso ya no pensaba igual, pero bueno al menos le dije la verdad. Mientras el auto comenzaba a avanzar uno de
los chicos “rudos” me miró y apuntando con su dedo sucio dijo:
- miren a ese chico, ¿son tus hijos? –dijo haciendo
referencia al hombre que estaba sentado sobre mis piernas y al otro que estaba
sentado a un lado de mí, mientras
soltaba una risa burlona-
Simplemente me le quedé mirando, mientras salía de mi campo
de visión, pensando en cómo ese chico moriría, después de todo lo que dije que
podría pasar en una escuela si se encontraba con zombies.
El auto siguió avanzando hasta que nos topamos con una
entrada grande, parecía un garaje o algo por el estilo, estaba oscuro, pero era
el único camino que teníamos para llegar al otro lado de la calle y seguir
hacia nuestro destino. Solo había un problema estaba oscuro y no podíamos ver
nada, no queríamos prender las luces
para no llamar la atención, así que estuvimos dentro del auto un largo
rato, tal vez pasaron 10 o 20 minutos esperando de manera muy atenta a
cualquier movimiento o sonido que pudiéramos escuchar, después de ese tiempo y
sin no tener ninguna señal de esos seres decidimos bajar del auto y explorar un
poco.
No había nada especial, parecía que no era un lugar en el
que se pudiera encontrar cosas útiles, y no había señales de un camino para
cruzar al otro extremo. Mientras exploraba el lugar encontré unas tuberías grandes
que fácilmente podían sostener a una persona, eran tubos grandes y gruesos,
pero resbalosos, así que la única forma de pasar era descalzos para evitar
caernos en ese fondo oscuro que parecía no tener fin, la razón para correr ese
riesgo era que al final de las tuberías había una puerta y la luz entraba por
ella, era el camino que necesitábamos.
El único problema era que el auto no podría pasar por ahí,
incluso si descubriéramos la forma de subir el auto en las tuberías que no dudo
que lo aguantaría, no podría hacer ese giro en 90 grados tan marcado, así que
debíamos dejar el auto atrás, por primera vez pude ver a las otras personas que
se encontraban en el asiento trasero, era una chica joven de unos 25 años,
rubia de cabello lacio, con una blusa de rayas azules en forma horizontal, un
pantalón de mezclilla y tenis blancos, estaba también un hombre de 30 año alto,
con barba como si no se hubiera afeitado por un par de días, vestía con una
playera blanca y sobre ella una chaqueta negra de cuero, tenía un pantalón de mezclilla y tenis
negros. Eran ellos los de la parte de atrás… ¡¿Qué solo eran dos personas en el
asiento de atrás?!, ¡Y nosotros 3 en la parte de enfrente!, ¿por qué no dijeron
nada? Estaba enojado pero ya no importaba no es como si de algo pudiera servir,
así que mejor decidí tranquilizarme y continuar con lo que íbamos hacer.
Todos en fila con nuestro calzado en nuestras manos comenzamos
a pasar, al frente me encontraba yo, iba con mucho cuidado aunque caminar por
las tuberías no era complicado no quería confiarme y caer, estaba a punto de
pasar por un muro que cubría mi visión a la puerta abierta donde entraba la luz
del exterior cuando escuché una radio, eran voces por medio de una radio, les
indiqué a los demás que se detuvieran, me asomé lo más mínimo para poder ver
sin ser visto, y fue cuando noté que una persona estaba entrando, era una
mujer, tal vez tenía 26 o 27 años, con esa luz detrás de ella no
podía notar mucho, pero cuando se colocó en cierta posición pude notar que sacaba
algo de su bolsillo, y vi su rostro, era
asiática, sus ojos rasgados, su figura delgada, su cabello negro y corto, era
como si el más grande estereotipo apareciera frente a mí para no poder
equivocarme, con su mano levantó en el encendedor que había sacado de su bolsa
y rápidamente sacó su arma, una 9 milímetros semiautomática, no conocía de
armas pero esa era una de las populares de se podían encontrar en la
televisión, películas, incluso en la vida real.
-¡Quieto, no te muevas! - dijo la atractiva mujer mientras
me apuntaba-
Levantando mis manos
con mis tenis en ellos le dije:
-n…no dispares, no
estamos armados, solo queremos pasar- dije mientras pensaba lo tonto que había
sido, le había hecho saber que estaba indefenso y no solo eso sino que había
más personas conmigo-.
Al parecer los demás no caían en cuenta del error tan grande
que había cometido pero igual sentía que no podía perdonármelo.
-Sal lentamente –dijo la joven mientras su arma me
apuntaba-.
-vaya vaya ¿dónde te habías metido preciosura? –dijo el
hombre de chaqueta negra que estaba en la parte trasera del auto, con una
actitud de confianza-
¿Este tipo quieren que lo maten? Es lo que pensé en ese
momento mientras lo miraba salir del muro que los cubría, por la luz del
encendedor el rostro de aquél hombre quedó iluminado.
-Bastardo infeliz, ¿dónde te habías metido? –Dijo la joven que bajaba el arma mientras indicaba
que siguiera avanzando-.
Comencé a avanzar hasta llegar al final de la tubería y pude
pisar el suelo de concreto en cual estaba feliz de poder sentir ya con mi tenis
puestos. Mientras el hombre de la chaqueta negra platicaba con la mujer
asiática noté que ésta usaba un chaleco militar con varias bolsas en el mismo,
que le permitía tener ya sea muchos utensilios o cartuchos para su arma sin
tener que cargarlas en su pantalón. Cuando todos cruzaron la mujer asiática y
el hombre de chaqueta negra se despidieron de nosotros deseándonos suerte, y
empezaron a cruzar la tubería de nuevo para regresar por donde minutos antes
habíamos venido.
Después de todo no eran malas personas, el hombre no le
pidió las llaves a la mujer, aunque bien podría hacerlo incluso si se negará su
acompañante tenía un arma y no dudo que al final se las terminara dando.
Mientras avanzábamos hacia la puerta notamos que en la izquierda había una
habitación, era totalmente diferente al lugar en el que estábamos, dentro de
esta habitación había una luz clara y un piso de madera brillante, con una
escalera pegada a la pared del mismo material del sueño, al parecer el segundo
piso también era de madera aunque solo podía ver un pequeño fragmento de éste
era probable que así fuese, ya tomando en cuenta todo esto esa habitación
parecía ser de una casa rica, de clase alta, y la luz clara tal vez era
producto de un candelabro, en el suelo de debajo de la habitación había una
pequeña figura blanca, y un hombre que bajaba rápidamente de las escaleras y se
arrodillaba frente a ésta figura, sosteniéndola entre sus brazos, fue ahí
cuando lo noté, no era una simple figura era una niña, tal vez de 5 años, sus
brazos y piernas eran blancas como el vestido que traía, y una mancha roja en
su mano contrastaba con el color que ella desprendía, tenía unos pedazos de
cristal muy grandes encajados en sus manos, al parecer es como si algo hubiese
explotado y ella al poner sus manos enfrente hubiese recibido los cristales.
Pero había algo extraño, esa niña, esa niña yo la conocía,
pero no lograba recordarlo, por más que lo intentaba no lograba traerlo a mi
mente, el hombre que vestía como oficinista se acercó más a la habitación y
preguntando si todo estaba bien llegó a mi mente…la cero…la cero…
-¡e…ELLA ES LA CERO! –grité mientras intentaba agarrar al
oficinista antes de que extendiera su brazo hacia la niña-.
Pero era muy tarde la pequeña niña ya se había lanzado sobre
el brazo del oficinista, mordiéndolo hasta el punto en que comenzó a sangrar,
cuando la niña separó su boca del brazo noté que un trozo de carne había sido
arrancado. Los demás estaban viendo inmóviles lo que ocurría.
-¡Corran! –grité-
Todos dieron un pequeño salto al escuchar mi grito, tal vez
interrumpí sus pensamientos profundos. Corrimos hacia la puerta de donde
provenía esa luz y donde estaba nuestro destino. Cuando estaba por cruzar giré
mi cabeza hacia el oficinista que yacía en el suelo y la niña de pie mirándome
con sus ojos de color negro intenso,
cuando atravesé la puerta perdí el equilibrio, sentí como si no tuviera
control de mi cuerpo, poco a poco me acercaba más al suelo y todo se volvió
oscuro, una oscuridad profunda.
Un pequeño sonido, había un pequeño sonido, era como un
susurro, ¿un llanto?, ¡un grito! Abrí los ojos y miré el cielo anaranjado
mezclado con una nube negra, tardé unos segundos en recuperarme, estaba tirado
en el suelo, era de tierra, detrás de mí una puerta, dentro no se podía ver
nada, estaba como uno o 2 metros de alto, había caído, y me había desmayado.
Empecé recordar lo que había pasado, el auto, las tuberías, la chica asiática,
la niña…¡La niña!, me levanté rápidamente, mirando hacia la puerta di unos
pasos hacia atrás, ¿dónde estaban todos?, estaba solo, no había señal de nadie
del grupo, ni de cualquier otra persona, estaba en un lugar donde las calles
eran de tierra, no había concreto solo algunas casas de ese material y podía
contarlas con los dedos de la mano.
Decidí comenzar a avanzar por alguna razón sabía a donde ir,
no tenía idea de cómo o por qué pero lo sabía, el cielo del atardecer se
mezclaba con el humo de algunas casas que se podían ver a lo lejos, había
varios lugares así, a lo lejos se podía escuchar algunos gritos que poco a poco
se iban callando. Tenía la sensación de estar en una zona fantasma, como esos
sitios donde vivían personas pero que después abandonan repentinamente.
Llegué hasta una calle que se dividía en tres caminos como
una “Y” y como venía de una de las extremidad del camino decidí seguir recto,
ahí podría encontrar un refugio… ¿un refugio?, me detuve repentinamente, ¿cómo
que un refugio?, ¿Por qué sabía eso?,
estaba muy confundido, no sabía que estaba pasando, era como si ya conociera
esa situación, ese lugar.
Avancé hasta un lugar donde había varios autos en fila de un
color similar todos ellos, eran taxis, al parecer había llegado hasta la zona
de donde salían, me acerqué a uno de ellos con esperanzas de poder encontrar
algo que me sirviera, un encendedor, una lámpara y con suerte un arma, pero
ninguno de eso objetos pude encontrar, me recargué un rato en uno de los taxis
viendo hacia las casas, ahí seguro podía encontrar algo útil pero era muy
arriesgado, podría haber zombies y con poco espacio para maniobrar seguro que
era hombre muerto. Empecé a sentirme extraño mientras miraba hacia una de las
casas, como si el miedo me invadiera.
- ¿Por qué una casa me haría eso? –me pregunté-
Fue entonces que noté que en la calle a un lado de la casa
estaba la niña, era la niña, mi visión la captó y mi cerebro lo sabía aunque yo
no me percatara de eso. La niña comenzó a correr hacia mí, yo sin pensarlo dos
veces salí corriendo lo más rápido que pude, seguí el único camino recto que
había, la niña cada vez estaba más cerca, a diferencia de ella yo si me cansaba
era humano y tenía mis límites, pero ese ser que me perseguía no era humana,
sus límites estaban en otra categoría. Tenía tanto miedo solo una vez mientras
corría voltee a verla, su rostro blanco, boca con labios negros, con ojos de un
color negro profundo y su contorno ennegrecido, sus manos aun con los
fragmentos de cristal en ellos hacía que mi temor solo aumentara, desde ese
momento ya no quise volver a voltear.
Solo un poco más, solo un poco más, me repetía eso es mi
mente, estaba muy cerca, ya no me importaba lo que pensaba, ya no me
cuestionaba cómo o por qué sabía lo que sabía, si eso me salvaba ya no me
importaba. A lo lejos vi una tienda, justo al lado derecho, detrás había una
pequeña casa de madera, simple, de un cuarto, era mía, yo la había construido
para escapar si estaba en problemas, tenía una cama dentro, cocina, un pequeño
refrigerador, aunque no sabía cómo eso podía caber ahí, estaba a tres metros de
llegar cuando a mi izquierda veo a la niña, ya me había alcanzado, mi velocidad
se había disminuido desde hace unos metros, ya me había cansado, la niña
dirigió sus brazos a mi rostro pero antes de llegar a él las tomé con mis
manos, era muy fuerte y no solo tenía que ver con el cansancio que tenía, sin
duda yo conocía su fuerza, intenté juntar sus manos tal vez si las choca los
cristales le causaría dolor y me daría el tiempo suficiente para entrar a la
casa, usé la fuerza de mis brazos pero no fue suficiente, sentí como mi corazón
palpitaba más y más rápido, comencé a lograr juntar las manos de la niña hasta
que se chocaron, los cristales se rompieron pero no hubo reacción alguna en
ella, era claro que no sentía dolor.
Mientras la seguía sosteniendo vi que a un lado de mi casa
había un pequeño borde de un metro, si nos lanzábamos hacia él y me levantaba
rápido podría deshacerme de ella unos segundos y entrar a la casa. Intenté
empujarla pero era inútil no tenía las fuerzas de hace un momento, así que hice
lo único que tenía a mi favor, su fuerza, giré hacia el borde hasta que quedé
de espaldas, entonces dejé que me empujara. Caímos y por suerte el suelo era
arenoso, y la caída no me causó un gran daño pero sí me retrasó un poco en
poder levantarme, afortunadamente no era el único que tenía problemas ya que también
ella se retrasó.
Subí el bordé lo más rápido que pude, abrí la puerta,
ingresé y al momento de cerrarla la niña metió la mano, intentaba entrar, y lo
estaba consiguiendo, me arriesgué aposté todas mis fuerzas en una sola patada,
si no lograba alejarla moriría ahí mismo, dejé que abriera la puerta y con
todas mis fuerzas alcé mi pie y lo dirigí a la cara de la niña, ésta se
tambaleó un poco hacía atrás lo suficiente como para poder cerrar la puerta.
-Lo logré –me dije mientras me tiraba de espaldas en el
suelo-.
Mi respiración se calmaba, mi pulso volvía a la normalidad y
aunque aún podía escuchar los golpes a la puerta sabía que era imposible que
entrara. Miré por encima de mi cabeza y vi que en la parte inferior de la pared
había una pequeña placa de madera delgada, maldición, ¡esto no era un refugio!,
era un puente, era solo para pasar y escapar por detrás, había perdido tiempo,
la niña dejó de golpear la puerta, me levanté rápidamente, intenté salir por
esa placa de madera pero ella ya estaba ahí, busqué donde esconderme encontré
un lugar oscuro debajo de una mesa, me metía ahí con esperanzas de que no me
encontrara, mi respiración y mi corazón se aceleraron.
Solo podía ver como esa terrorífica niña con sangre en sus
manos caminaba dentro de mi casa, olfateando y mirando con sus brazos
extendidos a los costados como si estuviera preparada para atacar, se estaba
acercando más y más, sentí una presión en el pecho…otra vez volví a sentir esa
sensación, estaban siendo regulares, sentí que me ahogaba, la niña se agachó y
me vio se abalanzó sobre mí mientras yo sentía que me ahogaba.
Respiré una bocanada grande, y al instante tosí varias
veces, sobre mí la joven rubia con blusa de líneas azules tenía sus manos sobre
mi pecho.
-Ya está respirando –dijo la joven rubia-
Respiraba rápidamente mientras trataba de recuperarme.
-¿qué pasó? –pregunté mientras miraba a los tres integrantes
del grupo-.
-Al momento de pasar por la puerta te caíste y te
desmayaste, así que te trajimos hasta esta casa que encontramos. –dijo el
hombre gordo-.
Me senté y noté que la casa en la que estábamos era la misma
en dónde me encontraba hace un momento.


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