sábado, 30 de julio de 2011

v.40 Capítulo 1: La damisela y el caballero

Una  fría noche en una ciudad  solitaria, sombría,  oscura, una noche como cualquier otra, o al menos lo iba a ser si nada de eso hubiera pasado.
En un callejón oscuro, solitario e incluso húmedo por los charcos de agua estancada en el suelo caminaba un joven cuyo rumbo no lo sabía ni el mismo, después de pasar unos días tan malos lo único que le ayudaba era caminar, no tenía un destino solo caminaba y olvidaba sus problemas aunque sea por un rato, y hasta ese momento le funcionaba, su mente estaba en paz, lastima que su paz no duró como el desearía puesto que la voz de una mujer le llamó la atención.

-Suéltame no me toques.  -tres hombres tenían a una joven mujer rodeada contra una pared, ella estaba tan asustada que su mirada reflejaba el pánico y la desesperación de lo que sabía que ocurriría, sería violada por esos tres desconocidos-.
-Ven preciosa vamos a divertirnos. –Dijo uno de los tipos mientras le acariciaba el rostro con su mano-. Ella solo miraba la mano pasar por su cara con unos ojos de miedo, mientras los otros dos le tomaban los brazos de la chica.
-Suéltame por favor, déjame ir, se los suplico. –Decía la chica entre lagrimas que caían al suelo. Mientras los 2 hombres la sostenían el tercero empezó a besarle y lamerle el cuello a la joven, bajando hasta sus pechos, la joven trataba de librarse pero era inútil esos 2 sujetos le impedían el tan siquiera mover los brazos para defenderse, lo único que podía hacer era mover su cabeza a los lados mientras lloraba y suplicaba que la dejaran, cosa que ninguno de los tres pensaba hacer hasta estar satisfechos. La joven mujer con sus ojos llenos de lagrimas en una de las ocasiones que volteaba  su cabeza hacia los lados observó a un hombre entre la oscuridad no vio quien era solo la silueta de un hombre, sin pensarlo dos veces gritó:
–ayúdame, por favor, ayúdame. –Le gritaba mientras su rostro era recorrido por su llanto-.
El solo la miró sin decir nada, miraba mientras ella le pedía que la rescatara, los abusadores voltearon hacia donde él se encontraba.
-Qué? quieres hacer algo imbécil?. –Le dijo uno de los hombres que la sostenía-. El hombre que la chica creyó sería su salvador simplemente se dio la vuelta y se fue por donde había venido, al mismo tiempo que la mujer lo miraba irse, sus esperanzas de ser salvada se marchaban junto con aquel hombre, estaba perdida, sola, dejo de suplicar, sus fuerzas la abandonaron como el sujeto de hace un momento lo hizo con ella.
-Tengo que  salvarla, tengo que ayudarla, tengo que salvarla. –Decía el joven mientras caminaba, cada vez que lo repetía caminaba más y más rápido-.
-Tengo que ayudarla, tengo que hacerlo. –Decía al momento que empezaba a correr, su velocidad aumentaba cada vez más, corría con todas sus fuerzas, corría como nunca antes lo había hecho-.
Mientras se encontraba corriendo encontró la puerta trasera de un edificio, la atravesó y había unas escaleras que conducían hacía la azotea, eran fácilmente diez pisos los que había que subir, rápidamente empezó a subir los escalones, lo hacía corriendo casi tropezándose. –Debo de salvarla. –Esas palabras recorrían su mente-. Comenzó a subir los escalones de tres, cuatro e incluso cinco escalones, daba saltos que en verdad eran muy peligrosos, si caía no podría levantarse por el dolor, pero eso no pareció importarle en su cabeza solo tenía un objetivo y no había nada que lo distrallera de ello.
Cuando alzó la mirada el joven pudo ver la puerta del tejado, la atravesó rápidamente, su respiración estaba agitada y su corazón palpitaba rápidamente, sentía su cuerpo caliente, lo cual hacía contraste con el viento frio del techo del edificio.
Llevó su mano hacia su pecho. –Aún no es suficiente. –Dijo el joven-.
-Por favor, déjenme, ayúdenme. –Decía la joven mujer sin fuerzas para gritarlo-. Al escuchar esto el joven empezó a correr, sin pensarlo se encontraba corriendo hacia el borde del tejado, pero en ningún momento bajó la velocidad, se veía tan veía tan concentrado.
-Te salvaré, voy a ayudarte. –Susurraba mientras corría.
-Te salvaré!!!. –Gritó al instante en que saltó del edificio-.
Los tres hombres y la mujer  se percataron del grito y voltearon hacia arriba no podían creer lo que miraban, una persona había saltado, estaba en el aire, era como si todo pasara en cámara lenta los abusadores y la mujer miraban como caía, hasta que llegó al suelo, un fuerte sonido se escuchó y una gran cantidad de polvo cubrió el lugar de la caída.
-Bueno sigamos donde nos quedamos. –Dijo el tercer hombre mientras se reía con los otros dos-. El hombre llevó sus manos debajo de la falda de la mujer y se escuchó el sonido de la tela rompiéndose en ese momento ella sabía lo que ocurriría, sería violada, no solo tendría el trauma de eso si no que hace un momento una persona había muerto frente a sus ojos.
–Ahora vas a gozar preciosa. –Dijo el hombre mientras se bajaba el cierre del pantalón-. Ella no quería ver su terrible destino así que giró su cabeza hacia donde había muerto aquella persona y cerro los ojos.
-Ni se te ocurra tocarla. –Se escuchó, era una voz fuerte, con tan solo escucharla se podía notar la confianza y determinación del sujeto.
La joven al escucharlo abrió rápidamente los ojos, lo que sus ojos miraban no lo podía creer, en el lugar donde hace unos instantes había caído aquella persona se encontraba un sujeto con sus puños en el suelo, arrodillado solo con su rodilla derecha, era como una de aquellas reverencia que se utilizaba en la realeza antiguamente, lentamente él se levantó y se dio vuelta hacia donde se encontraba la joven.
-Te salvaré. –Dijo mientras los observaba-.
Ella no podía quitarle la mirada de encima en especial porque desde donde el estaba se podía distinguir sus ojos rojos, eran como unas luces en la oscuridad, unos ojos rojos que en un callejón oscuro y solitario solo podía pertenecer al mismo diablo pero no ese día, ese día esos ojos eran los de su salvador.
-Ayúdame por favor!!!. –Gritó la mujer-.
-Cállate perra. –Dijo el tercer hombre al mismo tiempo  que le daba una bofetada-.
-Te dije que no la tocaras. –Dijo el joven el cual ahora se encontraba justo detrás del abusador-. No lo podía creer el delincuente, estaba temblando de miedo ni si quiera podía voltear a verlo, los otros  dos se le quedaron viendo atemorizados. Cuando el joven volteo a ver al hombre de su derecha que sostenía el brazo de la joven mujer este al instante lo saltó levantando sus manos. Después miró al otro sujeto que sostenía a la joven del otro brazo este rápidamente hizo lo mismo que su compañero.
El joven avanzó hacia la mujer la cual calló al suelo al momento en que la soltaron dándole la espalda al tercer hombre el cual seguía sin moverse, el joven se arrodilló frente a ella como lo había hecho anteriormente y le dijo:
-¿Estas bien?
-Si, gracias. –Sin pensarlo le dio un abrazo  mientras sus lagrimas se escapaban, gracias, gracias repetía la mujer-. El  joven la cargó sobre sus brazos. –Te llevaré a un lugar seguro. –Dijo mientras la cargaba-.
-Cuidado!!!. –Gritó la joven rescatada al darse cuenta que el hombre que la intentó abusar había sacado una navaja y la iba a ensartar a su salvador-. Hubo un momento de silencio en el lugar, nadie decía nada.
-No te preocupes. –Dijo el joven de ojos rojos-. A lo que el agresor se sorprendió abriendo los ojos de la sorpresa que se llevó. El joven se dio una  media vuelta rápidamente y con su pierna derecha patió al hombre con tal fuerza que salió disparado contra el otro lado del callejón, cayendo entre botes y bolsas de basura, los otros dos aprovecharon el momento, uno sacó una navaja de su pantalón y lo atacó permaneció así un instante con una sonrisa de triunfo hasta que el joven lo miró, se dio una vuelta hacia su derecha y con su pierna izquierda le dio una patada en la cara la cual hizo girar al cómplice mientras caía al suelo, el segundo cómplice desesperado tomó un barrote grueso de madera y le dio con el en la espalda, el barrote se rompió por la mitad al sentir esto el joven giró hacia el, dio un salto mientras cargaba a la joven , y con su rodilla izquierda lo golpeó en la mandíbula haciéndolo caer al mismo tiempo que la madera.
-Te llevaré con la policía. –Le dijo el joven a la chica-. Mientras se dirigía corriendo a gran velocidad hacia la pared para dar un salto sobre ella   y después en la contraria hasta llegar al techo del edificio-.
A pasar esto la chica comenzó a perder el conocimiento mientras esto ocurría observaba el rostro del joven. Cuando despertó estaba en un hospital, al haberse desmallado el joven decidió llevarla ahí , le explicaron que un joven la había traído que se había desmayado después de haber sufrido un intento de violación, también le contó que la policía había ido al sitio donde el joven les dijo que la encontró, así que no había de que preocuparse, esos criminales recibirían su merecido.
Al poder salir del hospital fue hacia el lugar donde todo ocurrió, ahora de día el callejón no parecía tan lúgubre como la noche anterior, ahí estaba ese cráter en el suelo donde su salvador había caído, se dirigió hacia donde se encontraban las bolsas de basura en lugar en el cual el agresor termino inconsciente, debajo de una bolsa se encontraba algo brillante, era la navaja de él, no podía creerlo, estaba doblada, no tenía ni una sola mancha de sangre.
¿Quién era aquel joven de ojos rojos? o mejor dicho ¿que era? son las preguntas que le recorrían la mente pero de algo estaba segura, él era su salvador.

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